ENTREVISTA

Cuando el agresor es tu hijo: ocho de cada diez familias superan la violencia filio-parental gracias a BERRIZTU/Hobetzen

El programa de la Diputación atendió el pasado año a un centenar de familias, un 17% de ellas con casos judicializados.

La conversación empieza con cierta culpa por lo que van a revelar. Su hijo ha destrozado en un arrebato de ira la habitación, en otras ocasiones, ha sido la casa. Hay circunstancias diferentes, la discusión ha llegado a lo físico, la semana pasada fue a lo verbal: le llamo hija de puta. El pasado año, según fuentes de la Diputación Foral de Bizkaia, el programa Hobetzen atendió a un centenar de familias que sufrían violencia filio-parental, de las cuales un 17% correspondía a casos judicializados. A pesar de que son 15 familias menos que en el año 2024, esta es una realidad que ha ido en aumento desde el año 2005, la de adolescentes y jóvenes que agreden a sus madres, padres e incluso hermanos.

“Comienzan realizando la llamada al servicio Hobetzen de una manera más consultiva. Se interesan por el programa, por el qué se podría hacer… Poco a poco te van dando pistas de cuál es la situación”, comienza explicando Alberto Llamazares, responsable del programa Hobetzen, quien indica que el siguiente paso es concertar una cita con la familia.

El rostro del agresor es masculino en un 60% de los casos y femenino en un 40%. Tienen entre 10 y 21 años, pero comenzaron a mostrar indicadores de violencia cuando tan solo tenían 11. Fue a los 14 años cuando la gravedad de sus actos empezó a preocupar a sus familiares. “Hay coordenadas sociales que propician esto, pero las razones son multicausales. Las familias están sometidas a un cierto estrés respecto a cómo actuar. Están inseguras”, explica el responsable de un programa que trabaja no solo con el agresor, sino con la familia, porque son “las dinámicas de relación familiar las que están dañadas”.

Pedir ayuda es doloroso, según Llamazares, porque implica reconocer que, como padre o madre, no han sabido cómo detener la situación. Sin embargo, una vez la piden, las familias están acompañadas durante todo el proceso, tanto por psicoterapeutas en las sesiones ofrecidas desde Deusto como por educadores en sus propias casas: “Allí recogemos los recursos que tienen. Es irreal pensar que tú vas a un proceso terapéutico-educativo y te van a dar algo maravilloso, externo, que a ti no se te haya ocurrido”.

84% de éxito

El proceso para que ocho de cada diez casos acaben con éxito en este programa requiere tiempo. “Hay una primera fase de observación que dura 4 semanas; luego, una fase de intervención, que es la más prolongada, de entorno a 10 meses. Sobre todo, ahí se trabaja con la familia al completo”, expone Óscar Seco, director de Inclusión de la Diputación, que también subraya que el foco se pone siempre en la familia y no solo en el adolescente que agrede. Durante 2025 se realizó, de hecho, el seguimiento de 89 familias: 50 de ellas se encontraban en fase exclusiva de seguimiento y 39 se incorporaron tras cerrar lo que llaman intervención.

Sobre el perfil de los agredidos en el Servicio Especializado de Intervención Familiar en Violencia Filio-parental, casi un 30% de las personas atendidas eran madres (99) y un 20%, padres (69). También se registraron agresiones a hermanos y hermanas: Hobetzen contabilizó una treintena de casos.

“Este servicio es muy bueno trabajando los contextos familiares, y tenemos otros servicios que se especializan en trabajar la mejora de los contextos escolares. Hay otros servicios que están más especializados en trabajar la adaptación a las nuevas formas de familia y a las fracturas que se van produciendo. Vamos a poner todo lo que podamos sobre la mesa para que reciban la mejor atención”, ha concluido el director de Inclusión.

¿Cómo acceder al servicio?

  • Derivación por parte de los servicios sociales municipales o por otros servicios de atención a víctimas mediante prescripción técnica.
  • Acceso directo por iniciativa propia contactando con el teléfono 944 479 151 para asignación cita.